alobyte.net · CULTURA DIGITAL · 2025-07-10

Reseña: Nothing Headphone (1)

Un vistazo a los audifonos de la marca inglesa que piensa en el diseño antes que en la práctica

Estos audífonos se ven como algo que ibas a desear en 1998. Y eso es lo menos atractivo que tienen.

Hubo una época en que la electrónica se vendía transparente. ¡Gracias a Sony y a todas esas marcas japonesas que entendieron nuestro deseo de ver hacia dentro de la tecnología! El Game Boy Color de plástico traslúcido, los teléfonos de casa que dejaban ver sus circuitos, el iMac que parecía naranja, los controles de PS... Y luego llegó el aluminio, el negro mate, y todo se volvió un secreto.

Nothing, una empresa de Londres, decidió que la homogeneidad de la tecnología ya no era aceptable. Sus Headphone (1) tienen copas con forma de casete y una cubierta transparente que deja ver parte de la maquinaria. Adentro trabajan drivers de 40 milímetros afinados junto a KEF, una casa británica que lleva más de sesenta años haciendo bocinas para gente que se toma demasiado en serio el sonido.

Otra de las grandes virtudes de estos audífonos parecen migajas para el consumidor hoy en día: los botones son botones. Una ruedita para el volumen, una palanquita para cambiar de canción. Nada de deslizar el dedo sobre la oreja rezando para que entienda lo que queremos hacer. ¿En qué momento nos conformamos con tan poco? Aún así, se agradece.

Y no, no estoy en contra del avance. De lo que estoy en contra es de las empresas asumiendo que vamos a cambiar nuestros hábitos sólo porque les funciona mejor en sus estrategias de marketing o porque les sale más barato: las imperfecciones de la tecnología de los 90s-2000 nos hicieron querer avanzar más y más rápido hasta el punto en que los audífonos se convirtieron en una extensión de nuestras orejas en vez de ser la herramienta de privilegio que solían ser.

Volviendo a los Nothing Headphone 1: la batería aguanta hasta 80 horas (sin cancelación de ruido). Tienen entrada de 3.5 milímetros, como debe ser. Cuestan entre 4 y 5 mil pesos mexicanos, bastante menos que los rivales de Sony o Apple.

Además, uno se los pone y se acuerda de algo que ya había olvidado: que la tecnología también puede ser divertida de mirar y de portar.

Veredicto: se ven pocamadre y se escuchan mejor.